viernes, 15 de junio de 2012

RAMON ORTEGA: EL POETA ERRANTE




                       RAMÓN ORTEGA: EL POETA ERRANTE


I.- EL LADO TIERNO DE LOS AÑOS

Ramón Ortega, nació en Comayagua, el 18 de abril de 1885. Nunca conoció a su padre, por deseo expreso de su madre. Doña Margarita Ortega Arriola, del cual el más tarde poeta tomaría sus dos apellidos. Las veces de padre las haría su tío, el sacerdote, Antonio Ortega, quien también como el poeta, moriría demente. Sus primeras letras, las realizaría en la escuela “Fray Juan de Jesús Zepeda”, al amparo de su maestro, don Aurelio Fajardo. Más tarde pasa a cursar estudios en el viejo colegio “León Alvarado”, entonces rectorado por don Tomás Escoto. Aconsejado por su benefactor, el padre Ortega, el poeta viaja a Guatemala para iniciar estudios de Abogacía, mismos que no puede culminar por múltiples factores adversos.


II.- VUELVE EL HIJO PRODIGO

Ortega, vencido por el desaliento de no culminar estudio superior alguno, regresa a su solar nativo, a la vieja casona de los Ortega, a quienes por su delgadez y finas facciones, popularmente les apodaban “los mosquitos”. Pero el tiempo que pasa entre sus familiares es poco y decide viajar a Tegucigalpa, donde no era un desconocido, literalmente hablando. Allí, como bien narra José Reina Valenzuela en su estudio sobre el poeta, fraterniza con sus contemporáneos y en “La Semana”, revista de moda entonces, se publica un artículo sobre su persona. Su inseparable amigo y colega en el arte de escribir, Froylán Turcios, hombre influyente entonces, le consigue trabajo como mecanógrafo privado del entonces presidente, Dr. Francisco Bertrand.


III.- EL ACECHO DE LA LOCURA

Instalado con trabajo cómodo y bien remunerado, el poeta Ortega, quizás ya rozado por las sombras de la locura, regresa a Comayagua. Dejaba en Tegucigalpa, a su esposa, doña Rafaela Vásquez, con quien había contraído matrimonio en 1913,  y su pequeña hija. Antonio José Rivas, otro estudioso de su vida y de su obra, certifica que “recluido en la casona de su tío, el poeta salía de tarde en tarde bien vestido, con cierto aire señorial a recorrer algunas calles, saludando ceremoniosamente a las personas que encontraba con un atildado “buenos días”, a cualquier hora que fuera”. Muchos años pasó el poeta Ortega sumido en la locura abismal que inexorablemente, lo condujo a la muerte. En 1922, encontrándose Froylàn Turcios en Comayagua para participar en las sesiones legislativas de ese año, mocionó en forma fraterna para que se concediera al Poeta, unos fondos para que su familia pudiera llevarlo a un tratamiento especializado en el extranjero. La nombrada moción encontró eco, pero inexplicablemente, los fondos nunca llegaron al poeta. En 1929, sus amigos, el Dr. Ricardo Alduvín y Jesús Castro Blanco que más tarde se convertiría en su antólogo más rutilante, lo trasladaron a Tegucigalpa, al hospital San Felipe, para ser exactos, con el propósito de brindarle adecuada atención médica. Sin embargo, tal esfuerzo resultó nulo, debido a lo avanzado de la enfermedad del poeta. Allí, a tempranos meses de 1932, exactamente, el día 2 de febrero, moriría, en el olvido y la indigencia, uno de los bardos cimeros de nuestra literatura.


IV.- OBRA POSTUMA

Unos años antes de su muerte  y cuando el poeta ya estaba sumido en el  negro abismo de la demencia, Jesús Castro Blanco, publica en México, un librito conteniendo 20 poemas de Ortega, y al cual Castro Blanco le dio el sugestivo título de “El amor errante”. Más tarde y en 1940, ya en Honduras, el mismo poeta Jesús Castro Blanco, edita los originales 20 poemas de “El amor errante” más otros que ha podido rastrear en periódicos y revistas guatemaltecas, bajo el título no menos nostálgico de “Flores de peregrinación”. El Ministerio de Cultura y las Artes, publicó en 1995, una nueva edición de su obra, invocando el viejo título de “El amor errante”.










1 comentario:

  1. Siempre he pensado, querido poeta, que a estas Honduras se le sobrevive con una escafandra de agudo cinismo o se espera, mansamente, a que se nos revienten los pulmones de la sensibilidad.

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